Ojalá pudiera borrar el pasado para que dejara de dolerme, olvidar todo lo que nos ocurrió antes de conocernos.
Sería como nacer el mismo día y comenzar a recorrer el camino juntos, sin nadie tras nosotros, sin experiencias amargas ni recuerdos que me hagan sufrir.
Y entiendo que tenias una vida antes de conocerme, pero me sigue haciendo daño el pensar que pudiera ser mejor que la que yo te doy ahora; que fueras más feliz con ellas que conmigo.
Pero sobre todo, me da miedo que algún día yo pase a formar parte de ese pasado y que alguien quiera borrarme también.
martes, 18 de mayo de 2010
miércoles, 12 de mayo de 2010
martes, 27 de abril de 2010
21/10/2009
Creí tener las cosas claras, estar sola y libre. Sin embargo, me ataste a ti con esos ojos verdes y esa sonrisa. Cuando quise darme cuenta, ya estaba encadenada y perdí la llave.
Cerraste las viejas heridas sin preguntar, me hiciste olvidar el pasado hasta el punto de creer que fue un sueño, iluminas mi mundo como el sol ilumina la tierra. Me llenas de vida, de sueños y de esperanzas. Me haces creer en el futuro y en que éste merece la pena.
Acompañas los días soleados con tu voz y los lluviosos con tu risa. Me regalas momentos a tu lado. Tejes recuerdos inolvidables, perdidos en parajes recónditos impregnados de calma y paz.
Mi corazón retumba con cada uno de tus besos, me haces estremecer de deseo cada vez que me tocas. Bebo el amor de tu boca y siempre ansío más.
Quiero enredar mis dedos en tu pelo rubio y oir tu respiración en la oscuridad. Quiero seguir teniendo pesadillas en las que sueño que me dejas porque de momento tan solo son eso, pesadillas. Quiero tener miedo de perderte, pues significa que no te he perdido aún.
Quiero que esto solo sea el comienzo de todo, que estos meses sean solo una pequeña parte de nuestra vida y que la olvidemos con el tiempo. Porque, si estoy contigo, seguro que tendré muchos mejores recuerdos que almacenar.
Porque me enamoré de ti, al fin y al cabo es lo único que importa.
Cerraste las viejas heridas sin preguntar, me hiciste olvidar el pasado hasta el punto de creer que fue un sueño, iluminas mi mundo como el sol ilumina la tierra. Me llenas de vida, de sueños y de esperanzas. Me haces creer en el futuro y en que éste merece la pena.
Acompañas los días soleados con tu voz y los lluviosos con tu risa. Me regalas momentos a tu lado. Tejes recuerdos inolvidables, perdidos en parajes recónditos impregnados de calma y paz.
Mi corazón retumba con cada uno de tus besos, me haces estremecer de deseo cada vez que me tocas. Bebo el amor de tu boca y siempre ansío más.
Quiero enredar mis dedos en tu pelo rubio y oir tu respiración en la oscuridad. Quiero seguir teniendo pesadillas en las que sueño que me dejas porque de momento tan solo son eso, pesadillas. Quiero tener miedo de perderte, pues significa que no te he perdido aún.
Quiero que esto solo sea el comienzo de todo, que estos meses sean solo una pequeña parte de nuestra vida y que la olvidemos con el tiempo. Porque, si estoy contigo, seguro que tendré muchos mejores recuerdos que almacenar.
Porque me enamoré de ti, al fin y al cabo es lo único que importa.
lunes, 22 de marzo de 2010
Mágia

El hombre escuchó los pasos rápidos pero firmes del niño en el pasillo de madera. Giró la silla hasta que quedó de cara a la puerta. Relajó los brazos, esperando que el chiquillo entrara y se lanzara a sus brazos, como siempre.
Sin embargo, éste se detuvo junto a la puerta, mirando a su padre con expresión solemne. Tenía las manos firmemente cerradas la una con la otra, formando una pequeña cabidad en su interior. Aún vestía el uniforme del colegio: polo blanco con el escudo bordado y pantalones cortos de color verde oscuro. Llevaba la chaqueta sujeta al cuello por las mangas, a modo de capa; los zapatos estaban manchados de barro.
- ¿Qué ocurre, Andrew? ¿Qué traes ahí? -preguntó el padre, rompiendo el silencio. El niño se acercó lentamente a él, desconfiado al principio. Finalmente, dejó que el hombre lo alzara, sujetandole por debajo de las axilas, para sentarle sobre sus rodillas.
- Es un hada -respondió el niño.
- ¿Un hada? -sonrió ante la fantasiosa mente de su hijo - ¿Y dónde la has encontrado?
- Kevin y yo jugábamos junto a los matorrales. Entoncés él chutó demasiado fuerte el balón y lo mandó a los arbustos. Cuando fuimos a buscarlo vimos una lucecita junto a unas moras- el niño gesticulaba y movía las piernas al hablar, visiblemente exaltado- Al principio pensamos que era una luciernaga.
- ¿Y no lo era? -el padre rió, siguiendole el juego.
- No. Cuando nos acercamos vimos que era una personita muy pequeña, con unas alitas muy finas, como de papel.
- ¡Un hada! -dijo el hombre, con fingido asombro.
- ¡¡Un hada!! -chilló el niño, dando un bote- Kevin quería matarla, pero yo no le dejé. Cogí el hada y vine corriendo a casa para que no pudiera encontrarla.
De pronto, una luz se encendió en la cabidad entre las manos de Andrew, escapando entre sus dedos. El padre soltó un grito de exclamación y se inclino sobre su hijo.
- ¡Vaya! ¿Es verdad que está ahí? -tenía que admitir que, pese a lo absurdo de la situación, comenzaba a estar confuso.
- Claro que está. Se enciende porque sabe que hablamos de ella.
- ¿Puedo verla?
- Aún no, está comiendo -el niño negó violentamente con la cabeza.
- ¿Qué le has dado de comer?
- Moras. Es lo que comía cuando la encontramos, así que supuse que le gustaban. Aunque aún no estoy seguro de qué se alimenta.
- ¿Y tiene nombre?
- Todavía no, no se me ocurre ninguno -el niño frunció el ceño, como si estuviera enfadado consigo mismo.
- Podemos llamarla Buttercup, o Amaranth, Celsia, o Hollyhox... -comenzaba a emocionarse, intentando recordar nombres de flores que le fueran bien a un ser mágico y diminuto como aquel- Podría vivir en el jardín, entre los rosales y las flores silvestres. Apuesto a que le encantarían nuestras manzanas y cerezas -comenzaba a faltarle el aliento mientras observaba extasiado el haz de luz que se escapaba entre los dedos de su hijo.
El niño rió, travieso. Abrió las manos lentamente, mirando fijamente a su padre.
Guardaba una pequeña linterna de botón, lo suficientemente pequeña como para escoderla en la palma de la mano.
Bajó de un salto de las rodillas de su padre y salió riendo de la habitación, orgulloso por haberle engañado con un truco tan sencillo.
El hombre permaneció unos segundos inmovil. Se sentía vacio, como si le hubieran desinchado y solo quedara de él una funda de piel. Una vez asimiló todo lo ocurrido, sonrió timidamente, avergonzado por su inocencia. Había sido engañado por un niño de 6 años.
Y, sin embargo, esa ilusión creciente en su pecho le había resultado tan intensa como cuando él mismo era un crio y jugaba a atrapar duendes en el bosque.
Quizás no fuera demasiado tarde para recuperar la mágia.
Sin embargo, éste se detuvo junto a la puerta, mirando a su padre con expresión solemne. Tenía las manos firmemente cerradas la una con la otra, formando una pequeña cabidad en su interior. Aún vestía el uniforme del colegio: polo blanco con el escudo bordado y pantalones cortos de color verde oscuro. Llevaba la chaqueta sujeta al cuello por las mangas, a modo de capa; los zapatos estaban manchados de barro.
- ¿Qué ocurre, Andrew? ¿Qué traes ahí? -preguntó el padre, rompiendo el silencio. El niño se acercó lentamente a él, desconfiado al principio. Finalmente, dejó que el hombre lo alzara, sujetandole por debajo de las axilas, para sentarle sobre sus rodillas.
- Es un hada -respondió el niño.
- ¿Un hada? -sonrió ante la fantasiosa mente de su hijo - ¿Y dónde la has encontrado?
- Kevin y yo jugábamos junto a los matorrales. Entoncés él chutó demasiado fuerte el balón y lo mandó a los arbustos. Cuando fuimos a buscarlo vimos una lucecita junto a unas moras- el niño gesticulaba y movía las piernas al hablar, visiblemente exaltado- Al principio pensamos que era una luciernaga.
- ¿Y no lo era? -el padre rió, siguiendole el juego.
- No. Cuando nos acercamos vimos que era una personita muy pequeña, con unas alitas muy finas, como de papel.
- ¡Un hada! -dijo el hombre, con fingido asombro.
- ¡¡Un hada!! -chilló el niño, dando un bote- Kevin quería matarla, pero yo no le dejé. Cogí el hada y vine corriendo a casa para que no pudiera encontrarla.
De pronto, una luz se encendió en la cabidad entre las manos de Andrew, escapando entre sus dedos. El padre soltó un grito de exclamación y se inclino sobre su hijo.
- ¡Vaya! ¿Es verdad que está ahí? -tenía que admitir que, pese a lo absurdo de la situación, comenzaba a estar confuso.
- Claro que está. Se enciende porque sabe que hablamos de ella.
- ¿Puedo verla?
- Aún no, está comiendo -el niño negó violentamente con la cabeza.
- ¿Qué le has dado de comer?
- Moras. Es lo que comía cuando la encontramos, así que supuse que le gustaban. Aunque aún no estoy seguro de qué se alimenta.
- ¿Y tiene nombre?
- Todavía no, no se me ocurre ninguno -el niño frunció el ceño, como si estuviera enfadado consigo mismo.
- Podemos llamarla Buttercup, o Amaranth, Celsia, o Hollyhox... -comenzaba a emocionarse, intentando recordar nombres de flores que le fueran bien a un ser mágico y diminuto como aquel- Podría vivir en el jardín, entre los rosales y las flores silvestres. Apuesto a que le encantarían nuestras manzanas y cerezas -comenzaba a faltarle el aliento mientras observaba extasiado el haz de luz que se escapaba entre los dedos de su hijo.
El niño rió, travieso. Abrió las manos lentamente, mirando fijamente a su padre.
Guardaba una pequeña linterna de botón, lo suficientemente pequeña como para escoderla en la palma de la mano.
Bajó de un salto de las rodillas de su padre y salió riendo de la habitación, orgulloso por haberle engañado con un truco tan sencillo.
El hombre permaneció unos segundos inmovil. Se sentía vacio, como si le hubieran desinchado y solo quedara de él una funda de piel. Una vez asimiló todo lo ocurrido, sonrió timidamente, avergonzado por su inocencia. Había sido engañado por un niño de 6 años.
Y, sin embargo, esa ilusión creciente en su pecho le había resultado tan intensa como cuando él mismo era un crio y jugaba a atrapar duendes en el bosque.
Quizás no fuera demasiado tarde para recuperar la mágia.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Música
Una vez más. La eufória, los gritos, cabellos revueltos. Olor a sudor y a multitud; a frenesí y locura. Cabezas que danzan al unísono, pensamientos que coinciden en cada una de las mentes de los presentes.
Este lugar pasaría desapercibido en cualquier otra ocasión. Pero hoy no, hoy la noche es nuestra.
Estrellas sobre nosotros, bailes desenfrenados. Rasgueos en los oídos, pausados y melódicos. Parece que el mundo vaya a acabarse con esos acordes.
Miro alrededor. Brazos en el aire, vibración de las cuerdas vocales. El público pide más.
La noche es eterna. Nuestros rostros reflejan una felicidad exhausta. El estomago retumba con cada golpe de batería, el corazón bombea música por nuestras venas.
El pelo adherido a la frente y las mejillas, perladas de sudor. Los ojos brillantes bajo los focos, sonrisas en la oscuridad.
La voz rasgada impregna el aire. La tierra tiembla bajo nuestros pies. Jamás nada unió tanto al mundo. Es una pequeña parte del verdadero significado de la libertad. Estar todos aqui, en este lugar, ahora, coreando la misma canción. No hay un solo rostro afligido.
Hoy todos somos jovenes y estamos llenos de vida. El mundo no se acabará esta noche.
Mientras tanto, la música sigue sobre nuestras cabezas.
__________________
Una semana para Rage :)
Este lugar pasaría desapercibido en cualquier otra ocasión. Pero hoy no, hoy la noche es nuestra.
Estrellas sobre nosotros, bailes desenfrenados. Rasgueos en los oídos, pausados y melódicos. Parece que el mundo vaya a acabarse con esos acordes.
Miro alrededor. Brazos en el aire, vibración de las cuerdas vocales. El público pide más.
La noche es eterna. Nuestros rostros reflejan una felicidad exhausta. El estomago retumba con cada golpe de batería, el corazón bombea música por nuestras venas.
El pelo adherido a la frente y las mejillas, perladas de sudor. Los ojos brillantes bajo los focos, sonrisas en la oscuridad.
La voz rasgada impregna el aire. La tierra tiembla bajo nuestros pies. Jamás nada unió tanto al mundo. Es una pequeña parte del verdadero significado de la libertad. Estar todos aqui, en este lugar, ahora, coreando la misma canción. No hay un solo rostro afligido.
Hoy todos somos jovenes y estamos llenos de vida. El mundo no se acabará esta noche.
Mientras tanto, la música sigue sobre nuestras cabezas.
__________________
Una semana para Rage :)
viernes, 19 de febrero de 2010
Viejos mitos
Esta mañana vi a Kurt C
obain. Si no era él, al menos debía de ser su espiritu reencarnado.
Recuerdo que llovía y que su silueta destacaba sobre el deprimente paisaje de una ciudad mojada. Caminaa por la acera de enfrente. La capucha puesta, el largo cabello rubio pegado a las mejillas. Una barba incipiente, aunque no se le había olvidado afeitarse. Un perfecto aspecto descuidado. Pantalones raídos por el tiempo, secretos en los bolsillos. Camiseta que narra historias de hogueras en la playa, de rasgueos de guitarra y de voces roncas por el humo del tabaco.
Todo él es una droga. Siento deseos de aspirarlo. Seguro que huele a mar. A gaviotas y salitre, a tierra mojada y conchas en la arena. A libertad.
Un semáforo nos separa, me da tiempo a observarle. Sigue el ritmo de sus auriculares con el pie. Barro en las converse pese a que estamos sobre asfalto. Me pregunto de dónde vendrá.
La luz cambia a verde y comienza a andar. Nos cruzamos y su aroma me embriaga. Huele a la más rabiosa y dolorosa juventud.
Sonrío para mis adentros. En su MP3 suena Lithium.
Quizás los viejos mitos no estén completamente muertos.
obain. Si no era él, al menos debía de ser su espiritu reencarnado.Recuerdo que llovía y que su silueta destacaba sobre el deprimente paisaje de una ciudad mojada. Caminaa por la acera de enfrente. La capucha puesta, el largo cabello rubio pegado a las mejillas. Una barba incipiente, aunque no se le había olvidado afeitarse. Un perfecto aspecto descuidado. Pantalones raídos por el tiempo, secretos en los bolsillos. Camiseta que narra historias de hogueras en la playa, de rasgueos de guitarra y de voces roncas por el humo del tabaco.
Todo él es una droga. Siento deseos de aspirarlo. Seguro que huele a mar. A gaviotas y salitre, a tierra mojada y conchas en la arena. A libertad.
Un semáforo nos separa, me da tiempo a observarle. Sigue el ritmo de sus auriculares con el pie. Barro en las converse pese a que estamos sobre asfalto. Me pregunto de dónde vendrá.
La luz cambia a verde y comienza a andar. Nos cruzamos y su aroma me embriaga. Huele a la más rabiosa y dolorosa juventud.
Sonrío para mis adentros. En su MP3 suena Lithium.
Quizás los viejos mitos no estén completamente muertos.
jueves, 18 de febrero de 2010
Desvanecimiento
A la espera de los resultados...
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Frío. Viento. Una ligera sensación de mareo. Nauseas. Sabor a bilis en la boca, los labios resecos, quemazón en la garganta.
La hierba viene a mi encuentro. Rodillas sobre la tierra mojada, piedras y polvo que se incrustan en la piel. Sangre en las heridas. Acabo de causar un terremoto con mi caída, destruyendo miles de laberintos subterráneos creados por los gusanos. He destruido su mundo en apenas unos segundos.
Por un momento, paso a habitar el aire y el silencio. Soy la lluvia que cae sobre el océano, el sol que calienta la sabana. Soy el latido del corazón de un recién nacido y la tierra sobre un cadáver. Soy el primer beso entre dos adolescentes. Soy el cielo y las hojas de los árboles.
Y de pronto, vuelvo a despertar. Pulsaciones en la cabeza, neblina en los ojos. Es tan fácil sentirse muerta. El final es apacible, suave. La vida siempre comienza con dolor.
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Frío. Viento. Una ligera sensación de mareo. Nauseas. Sabor a bilis en la boca, los labios resecos, quemazón en la garganta.
La hierba viene a mi encuentro. Rodillas sobre la tierra mojada, piedras y polvo que se incrustan en la piel. Sangre en las heridas. Acabo de causar un terremoto con mi caída, destruyendo miles de laberintos subterráneos creados por los gusanos. He destruido su mundo en apenas unos segundos.
Por un momento, paso a habitar el aire y el silencio. Soy la lluvia que cae sobre el océano, el sol que calienta la sabana. Soy el latido del corazón de un recién nacido y la tierra sobre un cadáver. Soy el primer beso entre dos adolescentes. Soy el cielo y las hojas de los árboles.
Y de pronto, vuelvo a despertar. Pulsaciones en la cabeza, neblina en los ojos. Es tan fácil sentirse muerta. El final es apacible, suave. La vida siempre comienza con dolor.
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